MIS CUENTOS DE AMOR Y MUERTE
Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
domingo, septiembre 03, 2006
Por: Tulio Zuloaga Pérez
Soy Ana,
y estoy muerta.
Por mi vida han pasado tantos infortunios que ahora un torrente desaforado de pensamientos me atrapa noche tras noche y no me deja respirar. A veces amanezco sudada, con dolor de garganta y aliento de ratón; a veces abro los ojos y me ruborizo al tocarme entre las piernas y sentir ese líquido pegajoso que encierra mis pasiones inconclusas. Nunca logro acordarme de los sueños. Si me fuera posible, desenredaría de seguro tanto sufrimiento que esconde mi inconsciente y me amarra a esta angustia deforme e interminable. ¿Qué es lo que tengo por dentro?, ¿acaso estoy posesa?, ¿o es que simplemente nací maldita como todos en mi familia?
Unos minutos antes estaba junto a mí, diciendo palabras bonitas que yo parecía no escuchar, claro, estaba como una tortuga hundido en mi caparazón tratando de evitar que algo externo me atacara, el problema, y no caí en cuenta a tiempo, es que el mal que me acaería sería netamente interior. Innecesario caparazón. Tome a mis pequeños magdalenitos de la mano y les fui arrastrando hasta la salida, ellos chillaban como si les hubieran propinado un tiestazo en el corazón.
Y dicen que nadie se puede morir de amor.
¿Cómo entonces me encuentro yo tan muerto?
El silencio era tan absoluto que pudo escuchar con claridad la ruptura de la piel de su barbilla contra aquel rayador de cemento. La sangre explotó, tal vez impulsada también por el exagerado bombeo de su corazón agitado. El sonido abrupto de su espiración rasgaba la densa niebla que le envolvía, y a pesar del miedo se quedó allí, tirada, como representando la obra viva de la siniestra escena de una muerte en el parque. Cerró los ojos esperando el zarpazo de algo desconocido;
sábado, septiembre 02, 2006
POR: Tulio Zuloaga Pérez
La cosa era tal, y Ana lo sabia, que si hubiese dado en donación una pierna o un brazo, el hambre mundial habría disminuido notablemente. Esa gigantesca coraza mortal que envolvía su diminuta estructura ósea, se balanceaba desordenadamente de lado a lado, así que tenía mucho mérito el esfuerzo de recorrer un largo camino desde su casa hasta el estudio, una cuadra y media, pues era como llevar un buque cuesta arriba.
viernes, septiembre 01, 2006
El chiquillo gemía despavorido y sus ahogados ojos no le dejaban ver con claridad. Un monstruo, el de sus imaginaciones, lo había atrapado. Solo pensaba con angustia en su mamita y en su papito, y eso que ellos le habían jurado que los monstruos no existían. Ahora él estaba a punto de ser devorado por el peor.
miércoles, agosto 30, 2006
Tal vez por eso aquel mounstruo razgaba las carnes de cuanta mujerzuela se tiraba en el valle; se habia convertido en un cruel asesino, y aun con toda la sangre que llevava incrustada bajo sus unas, no habia podido tapar aquel vacio.
sábado, agosto 26, 2006
Indagó con un médico amigo, cuanta sangre podía extraer de su cuerpo diariamente, sin causarse un daño importante, para escribir con ella las líneas de su poema inmortal. No se hizo esperar, pues su destino babeaba de excitación absoluta, no había nada más sublime: Un poema escrito con la carne líquida del poeta, extraño; pero PERFECTO.
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