Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
Tal vez por eso aquel mounstruo razgaba las carnes de cuanta mujerzuela se tiraba en el valle; se habia convertido en un cruel asesino, y aun con toda la sangre que llevava incrustada bajo sus unas, no habia podido tapar aquel vacio.