Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
Indagó con un médico amigo, cuanta sangre podía extraer de su cuerpo diariamente, sin causarse un daño importante, para escribir con ella las líneas de su poema inmortal. No se hizo esperar, pues su destino babeaba de excitación absoluta, no había nada más sublime: Un poema escrito con la carne líquida del poeta, extraño; pero PERFECTO.