Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
Unos minutos antes estaba junto a mí, diciendo palabras bonitas que yo parecía no escuchar, claro, estaba como una tortuga hundido en mi caparazón tratando de evitar que algo externo me atacara, el problema, y no caí en cuenta a tiempo, es que el mal que me acaería sería netamente interior. Innecesario caparazón. Tome a mis pequeños magdalenitos de la mano y les fui arrastrando hasta la salida, ellos chillaban como si les hubieran propinado un tiestazo en el corazón.
Y dicen que nadie se puede morir de amor.
¿Cómo entonces me encuentro yo tan muerto?