Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
El chiquillo gemía despavorido y sus ahogados ojos no le dejaban ver con claridad. Un monstruo, el de sus imaginaciones, lo había atrapado. Solo pensaba con angustia en su mamita y en su papito, y eso que ellos le habían jurado que los monstruos no existían. Ahora él estaba a punto de ser devorado por el peor.