Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo.
Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón…
“Al final de una vida”
Tulio Zuloaga Pérez
POR: Tulio Zuloaga Pérez
La cosa era tal, y Ana lo sabia, que si hubiese dado en donación una pierna o un brazo, el hambre mundial habría disminuido notablemente. Esa gigantesca coraza mortal que envolvía su diminuta estructura ósea, se balanceaba desordenadamente de lado a lado, así que tenía mucho mérito el esfuerzo de recorrer un largo camino desde su casa hasta el estudio, una cuadra y media, pues era como llevar un buque cuesta arriba.